ECONOMIA

La economía K en caída libre

Desde que llegó Silvina Batakis al Ministerio de Economía, el dólar contado con liqui –el que más miran las empresas– subió $77, a $329,8; el riesgo país escaló 464 puntos básicos...

Desde que llegó Silvina Batakis al Ministerio de Economía, el dólar contado con liqui –el que más miran las empresas– subió $77, a $329,8; el riesgo país escaló 464 puntos básicos, a 2838 unidades; y la bolsa porteña se desplomó 5% medida en dólares. Sin embargo, en el Gobierno están convencidos de una sola cosa: no están las condiciones para tomar medidas drásticas. “No hay margen para devaluar ni para desdoblar”, insisten.

Una devaluación, esgrimen, podría provocar una aceleración inflacionaria sólo comparable con crisis como las que se vivieron en los años 80. “No se puede devaluar sin dólares en el Banco Central y con todos esos pesos en la calle”, explicó una fuente que participa de las discusiones dentro del gabinete.

Incluso recuerda que cuando Cristina Kirchner devaluó durante la gestión de Juan Carlos Fábrega al frente del Banco Central (BCRA) primero llegó a un acuerdo con las cerealeras para que aporten US$3700 millones a las reservas a cambio de una letra, luego se los obligó a los bancos a vender sus posiciones en moneda extranjera, y además se subieron las tasas de interés, se recompusieron las tarifas de los servicios públicos, y se avanzó en el acuerdo con el Club de París. Tampoco hay vocación por ir hacia un desdoblamiento total, esto es, tener un dólar financiero y otro comercial.

Son varios los temores, pero el mayor es que todos los pesos de las empresas que hoy están contenidos con el cepo produzcan una suerte de efecto “Puerta 12″ sobre el contado con liquidación. Además, reconocen en el Gobierno, tampoco sería una salida muy del agrado del Fondo Monetario Internacional (FMI), que ya habría hecho saber a las autoridades que sólo la aceptaría transitoriamente.

Fernández, creen desde su equipo económico, no tendría más alternativa que seguir aplicando medidas superficiales para aguantar lo peor del temporal, a la espera de que la providencia despeje la tormenta.

En las últimas horas se discutió buscar un préstamo puente en el exterior para fortalecer reservas –idea que naufragó ante la imposibilidad del Central de ofrecerle a un acreedor cualquier tipo de garantía de repago–, se tendieron puentes con las cerealeras para pedirles que planteen propuestas que permitan reactivar la liquidación de dólares del agro –completamente suspendida desde hace semanas–, y se idearon medidas como las que se comunicaron ayer para alentar (ya se sabe, probablemente, sin demasiado éxito) la venta de dólares por parte de los turistas que visiten al país, y controlar la dolarización de empresas vía Cedears, como se denomina a las acciones de empresas extranjeras que cotizan aquí.

A medida que pasan las horas, sin embargo, todas las determinaciones tienen gusto a poco. Por caso, ya aseguran desde el campo que poco sentido tendría eliminar temporariamente las retenciones para alentar la liquidación de divisas (una medida que hasta propuso la representante de los Estados Unidos en el directorio del FMI, Elizabeth Shortino, cuando se hizo la última revisión del caso argentino).

Pero sin retenciones, el campo recibiría un dólar de $136, una cifra que luce muy poco atractiva cuando al mismo tiempo los dólares libres se operan 140% más arriba.

El BCRA, entretanto, sigue vendiendo dólares para contener la escalada del oficial –lleva perdidos más de US$1000 millones en el mes–, y según confirman las fuentes, prácticamente habría agotado también su cupo para operar en el mercado de futuros (unos US$ 9000 millones entre el Rofex y el MAE).

Más allá de las diferencias, todos los cálculos que manejan los economistas sobre el nivel de reservas líquidas del BCRA arrojan una cifra por demás preocupante.

Ya en el Gobierno empiezan a dar por hecho que no llegarán los US$2400 millones de organismos internacionales (entre ellos, US$500 millones del BID), que estaba previsto para el primer semestre.

En los bancos están viendo con preocupación que, a medida que se acelera la escalada del dólar libre, también crece el goteo de los depósitos en moneda extranjera.

Ayer, se estima que el sistema perdió unos US$150 millones. Si bien las entidades están más que preparadas para un escenario de estrés cambiario –un banco grande que tiene más de US$ 1000 millones en efectivo en su tesoro–, reconocen que cuando la corrida comienza no hay mucho argumento que sirva.

No ayuda el que los argentinos tengan demasiado frescos recuerdos de corridas pasadas. Hasta un gobernador peronista, horas antes de sacarse la foto con la ministra Batakis, dio la orden de poner en caja de seguridad los dólares de su provincia. Para qué arriesgarse.

El espanto cunde

Curiosamente, el ala kirchnerista dentro de la coalición del Frente de Todos sería la más consciente de la necesidad de hacer, al menos transitoriamente, un giro hacia la ortodoxia. El pánico a un dólar blue a $337 puede más que la ideología.

Algunas señales: contra todos los pronósticos, el nuevo titular de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Sebestián Negri, viene sorteando las presiones de parte del equipo económico para ir a fondo con controles sobre los agentes de Bolsa, las Alycs, como se denominan en la jerga, para que no operen los dólares financieros (el dólar Bolsa y el contado con liqui).

No a pocos les llamó la atención que fuera el BCRA y no la CNV, el responsable de sacar ayer una norma para que las empresas no sigan comprando Cedears. Apenas llegó a la CNV, Negri se ocupó además de dejar trascender que no tenían intenciones de restringir más las operaciones de dólar por la Bolsa.

También los economistas ligados al Instituto Patria salieron por redes a reclamar más medidas. “No hay margen para internismo ni para seguir con medidas aisladas. Es imprescindible un acuerdo político y concentrarse 100% en la gestión para implementar un programa económico integral”, posteó el ex titular del BCRA, Alejandro Vanoli.

Y un ministro del Gobierno que responde a Cristina Kirchner fue el encargado en los últimos días de contactar al ex presidente del BCRA, Juan Carlos Fábrega, para pedirle que le explique cómo había sido en su momento el acuerdo con las cerealeras para hacerse de dólares. La versión afirma que incluso le habría pedido le explique al presidente Fernández su visión.

Cualquiera sea el caso, lo cierto es que Batakis tiene claro que el Gobierno ya no tiene más instrumentos. No queda opción más que empezar a dar señales de ajuste en el gasto. En esa línea van los anuncios de aumentos de tarifas para el transporte en el AMBA y de avance en la segmentación de tarifas.

También el embajador en Washington, Jorge Argüello, trabaja contra reloj para intentar que el FMI avale una flexibilización de las metas con la Argentina y, de concretarse la bilateral de Fernández con Joe Biden –ahora en suspenso por el Covid del presidente norteamericano– hasta pueda Batakis tener su foto con Kristalina Georgieva.

No sólo el mercado está exigiendo un fuerte recorte del gasto –y probó que no se contenta con acciones discursivas–, sino que hay otra señal de alarma: la recaudación está empezando a resentirse.

Y, lo que es aún más inquietante, los bancos le advertieron al BCRA que la renovación de los títulos que le vencen al Tesoro la semana que viene podría no estar del todo garantizada como se pensaba. Hubo contactos ayer de los nacionales con la autoridad monetaria para que se mejoren las condiciones del “put”, el seguro que ideó Finanzas por el cual el BCRA se compromete a recomprarles a los bancos los bonos a determinado precio.

Lo que no tiene claro aún Batakis es si el ajuste tiene el aval incondicional del Presidente Fernández.

El kirchnerismo aspira a un giro ortodoxo que sólo convalidará con su silencio. Cerca de Cristina Kirchner, empero, hay voces disidentes: no creen que Alberto esté si quiera a la altura para seguir órdenes. Las amenazas del piquetero Juan Grabois están en esa línea. La política no termina de entender la magnitud de la crisis en la que ya está envuelta.

Fuente: La Nación

  • Fecha 22.07.2022
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