OPINIÓN

Apuntes sobre una derrota

No sé qué me resultó más difícil, si obligarme a votar a Massa o asumir que Milei podía vencer. Ninguno de ambos expresaba aquello que se suele denominar política, es decir, visiones del bienestar c...

No sé qué me resultó más difícil, si obligarme a votar a Massa o asumir que Milei podía vencer. Ninguno de ambos expresaba aquello que se suele denominar política, es decir, visiones del bienestar colectivo. Massa se asumía como representante de los grandes intereses, dispuesto a no olvidar a los necesitados, y Milei, encarnaba la impiedad del imperio del Norte donde los vencedores no se hacen cargo de nada que implique consolar el dolor de los caídos. Nos hace falta una política de centro y, sin embargo, seguimos apostando a los extremos.

La dictadura vino a destruir la dignidad de nuestra patria, impuso los bancos por sobre la industria. Más adelante, Menem regaló las empresas públicas a un grupo de amigos, y luego, los Kirchner disfrazaron estas miserias de revolución en tanto que Macri se extralimitaba en la voluntad de fugar las ganancias a lugares más seguros. Los sindicalistas, a los que Onganía les había cedido las obras sociales para que cambiasen de clase social y Perón, al retornar, con el Plan Liotta intentó, sin éxito, sacarles los negociados de la salud fueron quienes se distanciaron de los caídos por la destrucción del sueño industrial, mientras una oligarquía parasitaria se había impuesto en medio de una inaudita decadencia.

Los daños fueron tantos que el deseo de venganza superó a la racionalidad del elegido. Y a los votantes de Milei les sobraban razones, lo de él fue solo un alarido que servía para expresar el hartazgo de una sociedad a la que sucesivos gobiernos nunca dejaron de degradar.

Desde el Golpe del 76, venimos sufriendo la peor desesperanza en medio de una dirigencia tan ausente como prebendaria. Quizás podamos defender alguna parte del gobierno de Néstor; luego, su muerte marcó un cambio, y la falta de oposición, una pobreza de la política toda.

El uso de la memoria peronista resultaba absurdo en manos de universitarios y fanáticos de diversas sectas que nada tenían que ver con los obreros industriales del ayer. Perón solía insistir en su frase “ni sectarios ni excluyentes”, dos de las más exclusivas marcas de la identidad kirchnerista.

El General había venido a traer la paz, los Kirchner, a revivir la confrontación entre los ciudadanos. Después, el fracaso de Macri nos arrastró al gobierno actual, una verdadera vergüenza para la dirigencia política, cuatro años que no dejan casi nada para rescatar. El sindicalismo se fue enriqueciendo a la par que abandonaba su lugar de reivindicar los derechos de sus afiliados. La destrucción de la industria generó endeudamiento y pobreza a multitudes amansadas con subsidios y a oscuros dirigentes que ni siquiera participan del debate electoral. Y así, nos fuimos acostumbrando a soportarlos como simple molestia del tránsito.

Tanto denostar a las derechas y sus dictaduras que terminamos devolviendo a sus peores expresiones la representación de los sublevados traicionados. Entre tanto, la peor derecha heredaba la mística popular que tantos indignos representantes les terminaron otorgando.

La patética miseria del juicio a la corte y sus oscuros denunciantes fue uno más de los errores cometidos como abundancia de tropelías. La corrupción marcó personalidades, la decencia impuso la figura del gobernador de Buenos Aires. De nada sirvió el esfuerzo de los mejores intelectuales y referentes, quienes solo apoyaron a Sergio Massa para eludir al sombrío personaje que lo enfrentaba. Sabemos que la mayoría de los votantes de Massa no creía en su virtud, la mayoría de los que apoyaron a Milei solo pretendían castigar a quienes los habían defraudado. Un sentimiento de fracaso marcó la esencia del comportamiento político. Se impuso la venganza y ahora vienen los tiempos del miedo: los riesgos son enormes, no hay personas dignas de sacarnos de la crisis, como en dos mil uno, cuando Jorge Bergoglio, Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde pudieron impulsar una salida consensuada. Macri no es más que una garantía de fracaso. Lo mejor de la política está marginado porque no fue derrotado solo el peronismo, esta batalla la perdió la cordura. Hoy estamos como frente al conflicto del Beagle, necesitando un mediador desinteresado, y solo abundan los vivillos buscando negocios.

Y un agregado necesario, nunca hubo fraude, no inventen excusas, solo hubo golpes de Estado y asesinatos, y esos siempre en manos de ustedes, los que hoy nos ganan con Milei. Ya salieron a vender el patrimonio de todos, rentistas improductivos, nunca dieron para más que eso. Milei, adjudicándose ser el primer liberal del mundo, nos recuerda a la dictadura que asesinaba convencida de ser “la reserva moral de Occidente”. Y que alguien le avise que sus admirados ex presidentes de Brasil y Estados Unidos son de derecha patriótica, no colonial. Que Dios nos ampare.

Fuente: Julio Barbaro para La Nación

  • Fecha 21.11.2023
  • Sección Generales
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