Más que una disciplina física

Cómo sería ir por la vida con actitud de “yogui”

Podríamos decir que un expertise en "asanas" (posturas corporales del yoga) no hacen a un monje, ni a un yogui. En tiempos en los que abundan las clases, talleres e instructorados de esta tradicional práctica hind&uacu...

Podríamos decir que un expertise en "asanas" (posturas corporales del yoga) no hacen a un monje, ni a un yogui. En tiempos en los que abundan las clases, talleres e instructorados de esta tradicional práctica hindú, muchas veces se pierden las raíces originales. 

La práctica del yoga es necesaria para mucha gente (y cada vez más habitual), pero el yoga es también una actitud de vida, una técnica para vivir más armónicamente, evitando en lo posible dañarse a uno mismo y dañar a los demás. Esta actitud vital se basa en el sosiego, la atención, la ecuanimidad, la lucidez y la compasión. Difícil en los tiempos que corren encontrar estos ejes personales. 

En esta antiquísima técnica se concede importancia a las cinco fuentes básicas de energía humana: la alimentación, la respiración, el descanso, el sueño y las impresiones mentales. El cuerpo y la mente se convierten en un laboratorio viviente donde el yogui investiga mediante la verificación personal. No hay lugar para las creencias, sino para las experiencias. El yoga entiende la salud o el bienestar como integral: cuerpo, energía, mente y sistema emocional.

Sin atención plena no es yoga

En el verdadero hatha yoga siempre hay una fase estática en la ejecución del asana. La postura de yoga se hace y deshace con lentitud, mucha atención y se mantiene en una fase intermedia quieta que es la realmente importante, pues permite mantener el estiramiento, aumentar la presión del masaje, estabilizar el cuerpo, sedar el sistema nervioso, concentrar la mente e interiorizarse.

El asana se realiza entonces de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro, utilizándose el cuerpo como un instrumento para introvertirse y desarrollar la inspiradora percepción interior. El cuerpo es un medio para conectar con lo más profundo de uno mismo y detener el pensamiento mecánico. Se pone al servicio de la elevación de la consciencia y del encuentro con lo más íntimo.

Cuando el asana se ejecuta adecuadamente, se torna una técnica de contra-mecanicidad. ¿Que significa? Salimos de los automático y somos mucho más conscientes. La respiración también sirve de soporte a la mente, que así va combatiendo la dispersión. El asana mantenido, aunque se realicen series, permite una estrecha captación de las sensaciones corporales y a través de ellas se profundiza en uno mismo.

En mis primeros viajes a India, siempre recibí clases en las que los asanas observaban insoslayablemente la fase de detención. Por la inmovilidad del cuerpo se llega a la de la mente. El verdadero hatha yoga no es una gimnasia exótica ni una exhibición de barato contorsionismo, sino un método de gran solvencia para ir más allá del cuerpo y del ego.

Equilibrio interno y trabajo con el "ego"​

La práctica asidua del yoga va construyendo actitudes más equilibradas. Hay que estar bien alerta para no afirmar el ego ni incurrir en el peor de los orgullos: el espiritual.

Entrenamos la mente para convertirla en una amiga de nosotros mismos y de los demás, refrenando sus tendencias de ofuscación, avaricia y odio. Convertimos la vida también en una disciplina de autoconocimiento, porque nos ofrece la preciosa oportunidad de observarnos y conocernos. Nos vamos haciendo más conscientes de nuestras reacciones de ternura, alegría, pesadumbre, irascibilidad y tantas otras, para poder empezar a gobernar un poco nuestra vida interior y acercarnos con lo mejor de nosotros a los demás.

Atentos en la vida diaria, con visión clara y corazón compasivo, aprenderemos a establecernos en lo esencial y no dejarnos embaucar por lo banal, accesorio e insustancial. Lo muy agradable nos servirá para no apegarnos en exceso; lo muy desagradable, para no generar aborrecimiento e ira.

En el yoga no se trata solo de aprender sino de desaprender, de ir curando viejas heridas, de lograr un giro de la mente y otra manera de ser más armónica. Es un ejercicio de renunciar a la vanidad, la competición, el orgullo y la arrogancia, y el cuerpo no es un fin, sino una herramienta en el intento por lograr la evolución de la consciencia.

¡Tantos sadhus he conocido, tantos he entrevistado, tantos acompañado a festivales, con tantos me he sentado a identificarme con su mirada perdida y su mente ensimismada, tantos he contemplado en los grandes festivales o a orillas de los ríos más sagrados! Así es India: hablás con un campesino, un taxista, un comerciante o un camarero y te dicen cosas de tipo espiritual que realmente te sorprenden. Muchos tienen, inconscientemente, alma de yoguis, como si conectaran con arquetipos que se perpetúan en sus tierras desde la noche de los tiempos.

Fuente: Clarin

  • Fecha 04.04.2019
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