Del Editor

De amigo de Alberto a enemigo de Cristina

El miércoles, cuando faltaba un minuto para las 19.30, Horacio Rodriguez Larreta supo que había comenzado la campaña electoral. A esa hora leyó en su celular el mensaje de Alberto fernandez avis&aacu...

El miércoles, cuando faltaba un minuto para las 19.30, Horacio Rodriguez Larreta supo que había comenzado la campaña electoral. A esa hora leyó en su celular el mensaje de Alberto fernandez avisándole que iba a sacarle un punto de coparticipación a la Ciudad para apagar el incendio de la Policía Bonaerense.

Recién acababa de hablar con el ministro kirchnerista, Eduardo De Pedro, quien lo llamó para anticiparle las malas noticias. “Ustedes están locos, pero hagan lo que quieran”, escupió Rodríguez Larreta antes de cortar abruptamente la llamada. Había sido una tarde de perros para el jefe de Gobierno porteño porque uno de los muchos dirigentes del peronismo con los que habla le había filtrado el dato al mediodía. “Empezó la guerra y te van a cagar”, fue la frase premonitoria. No era necesario haber leído a Von Clausewitz para entender de qué se trataba.

Le tocaron el bolsillo y todo se aceleró. Rodríguez Larreta se vio obligado a cambiar rotundamente su estrategia que consistía en reforzar su moderación cada vez que Fernández se desplazaba hacia la radicalización. “Hay que estar muy tranquilo; cuánto más se acerca Alberto a Cristina, más espacio tengo yo sobre los votantes que lo hicieron presidente”, decía en estos meses. Pero el estilo zen entró en agonía a medida que pasaban las horas del jueves.

El Jefe de Gobierno porteño entendió que debía abandonar su postura de dirigente provincial para convertirse en un referente opositor nacional. En la madrugada, los jugadores más hostiles de las redes sociales le pedían que los hospitales de la Ciudad no volvieran jamás a atender a ningún ciudadano bonaerense. El desafío era encontrar el punto medio entre la defensa del distrito que gobierna y el proyecto futuro y aún lejano de gobernar el país.

Se mostró junto a sus principales aliados, empezando por Martin Lousteau, y desarrolló un discurso breve que había evaluado junto a sus asesores. Reivindicó el diálogo y prometió “no pagarle con la misma moneda” al Presidente. Y allí se acabaron los mensajes para Alberto Fernández, el que hasta hace poco lo llamaba “su amigo”. En los minutos siguientes, anunció la demanda de la Ciudad ante la Corte y se ubicó en otro nivel superior: el de enemigo de Cristina.

Desde que el Frente de Todos arribó al poder, la Vicepresidenta ubicó a Rodríguez Larreta en la mira de sus ataques. La calidad de vida de los porteños fue para Cristina únicamente la prueba de la desigualdad con los niveles de pobreza de muchos bonaerenses. Jamás se detuvo a analizar la ineficacia de las gestiones de Cafiero, Duhalde, Ruckauf, Solá y Scioli, los cinco peronistas que gobernaron la provincia durante veintiocho años con los resultados conocidos.

La crisis de la Policía Bonaerense; las tomas de tierras en el conurbano; la inseguridad dramática en todo su territorio. En las últimas semanas, la realidad no ha hecho otra cosa que exhibir la falta de reacción de Axel Kicillof y del ministro Sergio Berni, al que muchos funcionarios e intendentes peronistas quisieron empujar del gabinete en medio de la tensión. Pero Cristina ha vuelto a ser inflexible en su defensa.

No serán fáciles las cosas para Rodríguez Larreta. Tiene por delante la disputa virgen del liderazgo opositor con varios radicales y con Mauricio Macri, que en estos días bravos prefirió el silencio. Pero aprovechó la ofensa del Gobierno e hizo su apuesta al escenario nacional. Les habló a los porteños y a los bonaerenses, a los cordobeses, a los mendocinos, a los jujeños y a los fueguinos. “Buenos Aires es la ciudad de todos los argentinos”, se envalentonó.

El Presidente y la Vicepresidenta critican a Buenos Aires, a la que llaman despectivamente “ciudad opulenta”. Como si eso fuera justamente un defecto. Hipocresías de la política para quienes viven en Puerto Madero y en Barrio Norte. Las elecciones están muy lejos todavía. Pero ahora que Rodríguez Larreta ha decidido jugar en las grandes ligas tendrá que acostumbrarse al fuego nutrido de una batalla que será cualquier cosa pero que no será compasiva.

Fuente: Clarin

  • Fecha 11.09.2020
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